La cerámica teme otra crisis energética por Oriente Medio
La industria cerámica vuelve a encender las alarmas. El nuevo escenario geopolítico en Oriente Medio empieza a reflejarse ya en los mercados energéticos y el sector teme que se repita un guion conocido: subida del gas, aumento de costes y pérdida de competitividad.
El gas natural, principal fuente energética de las fábricas azulejeras, ha pasado en apenas unos días de rondar los 32 euros por megavatio hora en el mercado europeo TTF a superar los 50 euros. Una variación que impacta de forma directa en toda la cadena productiva: desde la cocción de las piezas hasta la fabricación de atomizados y esmaltes.
Ante este escenario, el Gobierno español ya ha iniciado contactos con los agentes sociales para evaluar posibles medidas si la tensión internacional termina trasladándose plenamente a la economía. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se reunió esta semana con sindicatos y patronales para analizar la situación y estudiar posibles respuestas. Según explicó, el Ejecutivo pretende anticiparse a los efectos de una posible escalada, como ya hizo durante la pandemia o la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania.
En paralelo, desde el área de Transición Ecológica se recuerda que el Gobierno dispone de herramientas similares a las activadas en 2022, cuando se aprobaron rebajas fiscales en la energía, bonificaciones al combustible y ayudas específicas para industrias intensivas en consumo energético, entre ellas la cerámica.
Sin embargo, por el momento el Ejecutivo considera prematuro hablar de un nuevo paquete de ayudas. La evolución del conflicto y del mercado energético será clave en las próximas semanas.

Ascer solicita una activación rápida y equitativa
Desde el sector azulejero, la patronal Ascer insiste en que cualquier apoyo debería activarse con rapidez y en igualdad de condiciones dentro de la Unión Europea. Antes, eso sí, sería necesario que Bruselas aprobara un marco temporal de ayudas de Estado que permita a los gobiernos intervenir.
El recuerdo de la última crisis energética sigue muy presente en el sector. Durante la escalada de precios de 2022, las empresas cerámicas estimaron pérdidas cercanas a los 1.000 millones de euros. Las ayudas finalmente recibidas apenas alcanzaron los 70 millones y llegaron con más de un año de retraso, tras un largo proceso de autorización y tramitación administrativa.
Aquella experiencia ha dejado una lección clara para el sector: si el precio del gas vuelve a dispararse, las ayudas deberán ser más rápidas, más coordinadas en Europa y con una dotación suficiente para sostener a una industria que depende directamente de la energía para seguir produciendo.
Mientras tanto, en las fábricas de Castellón se observa con cautela la evolución de los mercados. Porque en el sector cerámico, cada subida del gas se traduce casi de inmediato en presión sobre los costes.


